La Tecnología: Incertidumbre y Gestión por Proyectos.

José F. Tamames

 

La Tecnología: Incertidumbre y Gestión por Proyectos.

Mientras escribo estas líneas o mientras se leen, ya se han creado en 2 años más datos que en toda la historia de la Humanidad, a una velocidad de 1,7 megas por segundo, con lo que alcanzaremos en el 2020, en un par de años, 44 billones de gigabytes, algo así como 5 billones de películas almacenadas. Desde el 2015 se conectaron al día 1.000 millones de personas a Facebook. 1000 millones, que mandan de media 1,25 millones de mensajes y miran 2,77 millones de vídeos por minuto. Se sube una media de 300 horas de vídeos a YouTube por minuto. Para 2020 tendremos más de 6.100 millones de usuarios de smartphones en el mundo. El mercado de Hadoop, un software libre de distribución informática, estima una tasa de crecimiento anual del 58%, superando los 1.000 millones de dólares de ganancias en 2020. Solamente durante el año 2016 se “conectarán” a red de más de 5.5 millones de dispositivos nuevos cada día.

Mareante.

Y eso que, de momento, solo se analiza y utiliza el 0,5% de todos los datos que existen. Así que la cuestión es estar preparado para ello y no si será o no será la enésima burbuja de la Internet.

 

La incertidumbre del cambio

Los desafíos son evidentes. Y no son todos tan “técnicos” como parecen. Hay un fondo cultural, un cambio de paradigma que nos invade. Puede que veamos el espectro de “la máquina”, como la visualizó Tolkien en la Revolución industrial. O que estemos ante un cambio traumático de siglo como el que nos narró de forma excelente Stefan Zweig, cuando el optimismo liberal en el progreso se encontró con el nacionalismo, las crisis económicas, dos guerras mundiales, el nacimiento de nuevas clases sociales, el nazismo y el comunismo, totalitarismos atroces, …  Ahora oímos como emerge la clase media mientras se frustran sus expectativas,  como resurge el nacionalismo proteccionista, y como el populismo vuelve a sus soluciones facilonas. Siempre, las sociedades abiertas y libres, con sus tremendas contradicciones, son las que nos han librado de inviernos siberianos, hambrunas maoístas, dictaduras sangrientas…. Algo que tiene que ver con el “por que” fracasan los países.

Esto se puede explicar como “incertidumbre”. Así es. El temor a que lo conocido se desvanezca (la vieja economía aún tiene sus bazas) y que no haya una reposición rápida en los trabajos en la nueva economía. Es una incertidumbre sobre un cambio cultural, al viejo estilo. Pero la incertidumbre no es sólo una característica de la transición dentro del modelo ¿capitalista? (por mucho que lo anhele la vieja guardia). La teoría del shock es inquietante como digna de una severa crítica.

 

La incertidumbre de la innovación

Todo lo anterior merece tenerse en cuenta. No es poca cosa la amenaza atómica de Corea del Norte, la gestión del éxito parcial en China, las frustraciones de Rusia como potencia o que el fundamentalismo religioso sea una forma de frenar el progreso. Aun así, no podemos obviar otra visión más interesante de esta “incertidumbre”. La transformación digital de nuestra sociedad, que no sólo de nuestra economía, provoca un paradigma desconocido. Las maquinas, el software, pueden crear “conocimiento”. Los datos pasan a ser información, en contexto establecido, y hay desarrollos que son capaces de “aprender” a tomar decisiones. Seguro que acabo de lanzarme a un charco complicado. Los clásicos, los que provienen de las discusiones sobre Teoría del Conocimiento, podrán decirme que se está utilizando mal el término “conocimiento”. Es una crítica ya conocida por los que nos movemos en la informática aplicada. El “trozo” de realidad que gestionamos hasta poder realizar con ella tareas cada vez más abstractas, esa realidad virtual, carece de fundamento real. Nos insisten en la existencia de entes reales, un árbol, con un sentido mágico, de esencias que son y se mueven. Y nosotros, con un poco más de humildad, tocamos aspectos relativos a una ciencia y, con sus pobres leyes, hacemos que, por ejemplo, un helicóptero, que pesa más que el aíre, vuele, gracias a esa hija pequeña de la ciencia que es la tecnología.

Vamos a dejarlo en empate. Lo cierto es que se acerca el día en que, sí las máquinas hacen lo más tedioso de la gestión de datos, dar información y generar conocimiento, a las mujeres y a los hombres sólo les queda la pura innovación o creatividad. Esa imaginación creadora es lo único que nos quedará que aportar. Vamos a suponer que todo ello pueda ser cierto, que sólo nos queda ser innovadores. Esta es la segunda cuestión relevante de la “incertidumbre”: no se debe a un estado actual sobre las consecuencias de uno u otro cambio. La “incertidumbre” es el elemento que define nuestro futuro. ¿Quién es capaz de anticipar lo que un ser humano va a crear o dejar de crear o innovar? Si pudiéramos anticiparlo, no sería innovación, sería un cálculo sobre datos ya dados como información.

Y este es paradigma que se nos echa encima. Me guste o no me guste. Si las maquinas saben mejor que yo lo qué pasa, qué va a pasar de seguir así, y qué decisiones serían las mejores, mi capacidad “sólo” quedaría para crear soluciones “creativas” a esos problemas o cuestiones, además de generar nuevos productos, servicios o bienes. Tengo todo el tiempo del mundo y tengo todas las capacidades para ello (si nos formamos en ello, cierto).

Millones de datos en la IoT, de los Social Media, de millones de centros de datos de empresas e instituciones. Computados, exprimidos, como jamás se había visto. Lo mismo que siempre, pero con un nivel de detalle y sentido inimaginables. Cualquier sector verá como en un microscopio todo lo relevante en sus procesos. Es cierto que podemos anticipar o una utopía o una distopia. Sea como fuere, ante nosotros, la “incertidumbre” es un elemento esencial de nuestra nueva sociedad por definición. Sé que para ello hay que tener ciertas “creencias”. El hombre innova porque tiene oportunidad, algo de suerte y mucho, mucho, mucho trabajo. Que tenemos que suponer que hay sociedades abiertas y libres, inclusivas. Tenemos que tener algo de suerte de dar con quien nos hace crecer y no al contrario. Sólo podemos ser capaces de producir algo, tras sumar talento, ganas y motivación, el trabajo de una media de 10.000 horas para ser experto en algo.

 

La Gestión de Proyectos o de la incertidumbre

La Gestión de Proyectos nace para gestionar el núcleo central de cualquier actividad humana: la incertidumbre. Traemos el futuro al presente para poder tener con que controlar el desempeño de nuestros proyectos. Lo que ha hecho está metodología es aplicar esa incertidumbre a ciclos más cortos. La demanda de bienes y servicios, será cada vez más compleja, la flexibilidad una norma y los activos del conocimiento, claves. Y es hora ya de que la Gestión de Proyectos comience a tener PMO orientadas a la Gestión del Conocimiento tal y como siempre ha sido, área a área. No me refiero a la tradición abierta por Nonaka, y sus grandes aportaciones. Esto va bastante más allá. Gestionar el “conocimiento” es plantarse ante un cuadro de mando que nos mostrará todo lo que es posible conocer y dar una solución nueva, diferente y distinta. O simplemente, seguir como estamos, que no es poco.

Puede que, al final, la meta sea ser razonablemente felices o el inquietante transhumanismo. Ahora mismo, antes de llegar al Paraíso Perdido, tenemos que dejar a un lado la discusión entre real/virtual, entre filosofía/ciencia, entre ciencia/técnica para ver lo real como cultura. No comemos sólo por hambre. Aportamos una experiencia. No cubrimos nuestro cuerpo, nos vestimos por algo más. No queremos gestionar nuestras vidas sólo para sobrevivir, queremos algo más. Ese “algo más” nunca ha estado más cerca, con sus tentaciones de poder y dinero, sus riesgos y desventajas. Y en ese mundo vamos a navegar. Lo importante es tener un destino claro y para ello, esa meta, cambiante y flexible, necesita una metodología adaptada a la incertidumbre, la Gestión por Proyectos.

 

José F. Tamames

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